jueves, 22 de octubre de 2015

Una nota desde España que nos da para pensar

Atender las emociones del paciente debería ser una prioridad


 Por Sonia Marquès Camps


Raquel Franco es enfermera y creadora de Facilitación Sanitaria, un proyecto desde el que defiende la humanización de los cuidados y el empoderamiento de los pacientes en el entorno hospitalario y, especialmente, en el quirófano, donde el miedo es la emoción dominante. Facilitación sanitaria, con el objetivo, además, de que el quirófano se convierta, con una información más transparente, de puertas abiertas, y con más responsabilidad por parte del paciente y con una buena gestión de las emociones, con un equipo de enfermería preparado en este ámbito que lo facilite, en un proceso más participativo para él y sus familiares. Nos cuenta Raquel Franco que, ante una operación, se da por hecho que el paciente está invadido por el miedo. Está tan asimilado que es así por parte de todos los actores que entran en la escena quirúrgica, que no se le está dando el valor y la atención desde las habilidades humanas que se requiere, dice. Es un proceso frío el de una intervención quirúrgica, de soledad ante la incertidumbre, y en este estado, que vuelve más vulnerable al paciente la mayoría de las veces, es cómo se enfrenta a toda la información proporcionada, a las pruebas preoperatorias, a las citas previas de diferentes profesionales sanitarios… ¿Cuál es la emoción dominante cuando un paciente tiene que enfrentarse a un quirófano? El miedo es la emoción que vive normalmente quien está en un proceso quirúrgico; miedo, desde el momento en que le diagnostican y el médico le dice que el tratamiento es quirúrgico, hasta que llega el instante cumbre, al entrar en el quirófano. El miedo siempre aparece por la incertidumbre de lo que pasará. Y es un proceso que se alarga en el tiempo, dependiendo de la lista de espera para ser intervenido en un hospital o de la patología de que se trate. Existe miedo a la anestesia, miedo a la cirugía, miedo a desapegarse de la familia… Este miedo, si no se atiende a tiempo por profesionales adecuados, tiene unas consecuencias emocionales negativas en el paciente. Enfermería es, en mi opinión, el colectivo más idóneo para asistir en este ámbito, porque puede ofrecer un acompañamiento de excelencia, y teniendo las habilidades, puede situarse en una relación de confianza y de buena comunicación con el paciente. Normalmente, el paciente se siente en una situación de más debilidad de lo que sería aconsejable en un proceso quirúrgico. El sistema sanitario está montado de tal manera que es difícil acompañar a las personas en la gestión de los sentimientos que se viven en cualquier proceso de enfermedad. La gestión emocional depende de las habilidades que tiene cada persona para ello. Enfermería, en mi opinión, tiene la competencia de facilitar y asegurar que la gestión de las emociones sea saludable, útil y beneficiosa para la experiencia quirúrgica, contribuyendo de esta forma, además, a mejorar los resultados. Enseñar a gestionar las emociones del paciente debería ser una prioridad en las intervenciones quirúrgicas. Casi nunca se habla de cómo se siente una persona durante un proceso quirúrgico. No se le ha preguntado sobre su estado emocional ni sobre lo que hubiera podido hacer para sentirse mejor o menos vulnerable en este papel de abandonado a la suerte a la Medicina. Que podría propiciar una actitud más pasiva, más de encogimiento, por decirlo de alguna forma. El sistema no ha dado todavía la prioridad necesaria a atender la emoción en la enfermedad. Creo que somos las propias personas ahora, desde el rol que sea (médico, enfermería…), quienes debemos mostrar nuestro interés en satisfacer esta necesidad ofreciendo un servicio de excelencia, como digo, y desde la competencia profesional. En general, tampoco se habla nunca del estado emocional en el que están las personas que integran el equipo de salud durante un proceso quirúrgico, en especial, en la fase intraoperatoria. ¿Qué emociones son las que está viviendo la enfermera que acoge al paciente al entrar en el quirófano o el cirujano que va a operar? ¿De qué manera hemos aprendido los profesionales a gestionar nuestras propias emociones? A mi entender, la prioridad en la gestión de las emociones facilitaría la comunicación efectiva entre los integrantes del equipo y con el paciente, contribuyendo a una relación que propiciara que el miedo dominante de un principio en el contexto quirúrgico bajara a niveles aceptables para la intervención. ¿Cuánta importancia tiene el estado mental del paciente ante una intervención quirúrgica? El paciente tiene que estar en unas condiciones óptimas a nivel psicológico para enfrentarse a una intervención quirúrgica. Es muy importante, y muchas veces lo obviamos. El buen estado mental y emocional del paciente propicia una mejor curación. Es lo que denominamos psicoprofilaxis quirúrgica. El sistema sanitario está más pendiente de la curación que del estado emocional de la persona ante este tipo de intervenciones. ¿Cómo podría ejercer este papel enfermería? Atender la necesidad, no solo de información, sino estar, por ejemplo, con el suficiente grado de presencia en la consulta preoperatoria para valorar correctamente el estado emocional en el que se encuentra el paciente. Y a partir de aquí, desplegar las herramientas que mejor se adecúen a su estado. Saber adecuarnos y estar presentes para atender el estado emocional del paciente es fundamental para que éste pueda compartirlo con le enfermera. No podemos pretender que una persona asimile bien toda la información con la mente cargada de pensamientos negativos, preocupación y miedos que distorsionan la comunicación. La mera presencia, asociada a la respiración consciente, que permite acompasar las respiraciones entre profesional que atiende y paciente, permite una buena conexión. Muchos pacientes entran en la consulta con un nivel de ansiedad y angustia tal que no les permite seguir las indicaciones y pautas para entrar en el quirófano preparado. Hay una pregunta abierta tan sencilla y tan efectiva para conseguir que el paciente también esté presente. Y es: “¿Cómo estás?”, pronunciada mirando a los ojos y respirando acompasadamente. Muchas veces, el paciente no lo espera; “Ah, ¿te interesa cómo estoy?”, piensa. La dinámica suele ser: “Ahora te llamarán para hacer un electro” o “te llamarán para la fecha de intervención”. El papel de enfermería podría ser mucho más integrativa y atender realmente qué está sintiendo el paciente. Cuando se ha conseguido estar presente, lo siguiente es: “Te haré una valoración de tu estado de salud. Y aparte, te informaré. Pero primero te quiero escuchar”. Y este es un trabajo que permite a los profesionales de enfermería trabajar la emoción presente. Para una persona, una operación implica, entre otras preocupaciones, dejar de ir a trabajar; el agobio de cómo se afronta la vida cotidiana, de la economía. El agobio por tantas cosas. Todo esto tiene que acogerlo la persona de enfermería. Si previamente, claro está, se le ha proporcionado una correcta formación para ello. Tras una operación, el paciente está de nuevo solo. “Ya te hemos operado; adiós, ya no sé quién eres…”. Es así. Pero el proceso no acaba cuando acaba la cirugía. Desde Facilitación Sanitaria queremos dar fuerza a la mano de enfermería para una asistencia continua, y desde luego, también en el postoperatorio. Utilizando las nuevas tecnologías para una mayor información que permita mayor responsabilidad en el proceso por parte del paciente, autonomía y empoderamiento en cada una de las fases que confieren el proceso quirúrgico; la fase preoperatoria (anterior a la cirugía), intraoperatoria (durante la cirugía) y postoperatoria (tras la cirugía). Abrir las puertas del quirófano, y que esto permita la conectividad y la proximidad de las personas que intervienen en el proceso; médicos, enfermería, paciente y familiares, creando comunidades digitales que faciliten la cooperación entre todos para ese objetivo común, vivir un proceso quirúrgico con curiosidad, con el menor grado de miedo, con la mayor seguridad y con los resultados terapéuticos deseados. Y que el paciente sea realmente el protagonista y el verdadero centro de atención. La Humanización de los cuidados quirúrgicos es mi proyecto de vida y mi aportación a la enfermería.

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